By José Manuel Escobar, Gerente de LQA Thinking Organic.
Cada 7 de julio conmemoramos una fecha clave para la sostenibilidad de nuestro planeta: el Día de la Conservación del Suelo.
Más allá de ser un recurso natural, el suelo es la base de la vida, el sustento silencioso de la agricultura y el origen de los alimentos que llegan a nuestra mesa. Esta jornada es una invitación a reflexionar sobre su importancia, su historia, sus desafíos actuales y el papel que todos tenemos en su protección.
Acompáñanos en este recorrido que une filosofía, ciencia, tradición y tecnología para poner en valor un patrimonio natural que no podemos darnos el lujo de descuidar.

Un homenaje a Hugh Hammond Bennett
La razón por la que cada 7 de julio se celebra el Día de la Conservación del Suelo es en honor a Hugh Hammond Bennett (1881-1960), científico de EE.UU. que estudió la relación directa entre la calidad del suelo y la productividad de los cultivos.
Pudiera parecer que el cuidado del suelo es algo reciente o de anteayer (65 años), y en cierto modo es así, pero no es menos cierto que la sensibilidad por el cuidado de la tierra como elemento vital en la producción de alimentos sanos y de calidad es tan antigua como la humanidad.
Ya el sabio refranero español dice: “Cava hondo, echa basura y cágate en los libros de agricultura”.

Sabiduría ancestral y filosofía natural
Y aunque los antiguos griegos carecían de la actual conciencia ambientalista de la sociedad que nos ha tocado vivir, filósofos como Hesíodo, en su obra Los trabajos y los días, describen una serie de buenas praxis para el mundo rural, el cual pone en el centro de todo la conexión con la naturaleza.
De Hesíodo pasamos a la escuela presocrática y sus dos tendencias (la de Mileto y la Eleática), hasta llegar a Aristóteles o Epicuro, el cual fomentaba entre sus discípulos la conexión con la naturaleza y la búsqueda de la felicidad a través de la satisfacción de las necesidades básicas. Quizás, sin saberlo, fue el primer pensador en establecer conceptos tan modernos como la soberanía alimentaria o la biofilia, ya que el epicureísmo promovía la autosuficiencia y la conexión con la naturaleza.
Como podemos observar, el suelo ha sido, es y será un elemento vital e imprescindible en la agricultura, con el objetivo de obtener alimentos de calidad al mismo tiempo que protegemos el medio ambiente y garantizamos el futuro del planeta y de las generaciones venideras.

España: tradición agrícola y legado científico
En España, como no podía ser de otro modo, hemos tenido grandes estudiosos de la tierra. Sin ir más lejos, entre los siglos VIII y XV, la agricultura en al-Ándalus era famosa por su alto nivel tecnológico, así como por la gestión del regadío. Ahí ha quedado para la posteridad el Libro de la Agricultura (Kitab al-Filaha), escrito por Ibn al-Awwam en el siglo XII, considerado una de las obras más influyentes sobre agricultura y el cuidado de la tierra en la época de al-Ándalus.
Un poco más tarde, tuvieron gran impacto teológico y práctico los ensayos del jesuita Pablo Acosta, quien escribió sobre la importancia de la tierra y su fertilidad en relación con la evangelización en el Nuevo Mundo (América).

Desafíos del presente y visión del futuro
Hoy en día, la llamada “agricultura 4.0” o agricultura inteligente, con la aplicación de tecnologías como el Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT), la inteligencia artificial, la robótica o el Big Data, con sus infinitos sensores y aplicaciones, nos ofrece una optimización de los recursos y los procesos a la hora de tomar decisiones, inimaginable hasta ahora, también en la mejora de la calidad de vida de los agricultores.
Pero, pese a lo que pueda parecer, los retos actuales son infinitos y de diversa índole, como son —desde mi punto de vista— el desconocimiento del campo, cuando no el rechazo de ciertas élites de opinión y gobernanza hacia el mundo rural, creando lo que denomino una acrecentada y manifiesta “agrofobia”.
Pasando por la calidad y la salud de los suelos de cultivo, donde incide de manera severa el cambio climático y sus nuevos e impredecibles patrones de comportamiento, los cuales afectan de forma primordial a la degradación del suelo, la escasez de recursos hídricos y la calidad de estos, la conservación de la biodiversidad del suelo (vida microbiana), la contaminación de la tierra en algunas zonas por el uso abusivo de fertilizantes y químicos, el creciente aumento de la población —la cual exige mayor cantidad de alimentos inocuos, nutritivos y producidos de forma sostenible y con calidad—.
Importante también es el acceso a alimentos de calidad por parte de la ciudadanía, al mismo tiempo que debemos garantizar el relevo generacional en el campo, el cual está íntimamente vinculado con la “sostenibilidad financiera” de las familias que producen estos alimentos para las sociedades urbanitas.
Como ven, llevamos más de 2000 años observando y cuidando el suelo, el cual no es infinito. Debemos seguir investigando su comportamiento, y es que, como siempre dice el gran Peter Barfoot C.B.E., visionario agrícola y fundador de la empresa Barfoots of Botley:
“Cuida la tierra hoy como si fueras a cultivarla para siempre.”
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